Donde duele el silencio
El viento ruge tras los cristales del ventanal. Tremendos abedules se agitan en el valle mientras en el interior la calma me ahoga. El silencio se hace gigante y echo de menos la vida. Mis entrañas me atenazan junto al recuerdo de sus risas, sus gritos, sus pecas. Y otra vez el silencio aterrador que me arrastra hacia la desaparición. Las lágrimas se agolpan en mi memoria y ya no las puedo retener más. Brotan con desesperación maternal. Y cuando me conmueve ya la ilusión vuelvo a ver su figurilla saltarina entre los abedules, el viento ha cesado y no sé si ha terminado el arresto o estoy delirando.
5 Respuestas a “Donde duele el silencio”
El silencio, como la soledad, siempre es un arma de doble fijo. Si es algo buscado, no hay nada más hermoso (el silencio siempre es más elocuente que la palabra); pero si es impuesto, no hay nada más atroz.
Aunque no está muy claro lo que cuenta, si que está claro lo que transmite, como siempre: Sentimiento y belleza.
Y dentro del sentimiento yo diría tristeza, nostalgia, añoranza… Vamos la antinavidad auqneu para muchos sea exactamente eso…
besos
Vais bien. Es la Navidad, pero cuando echas de menos a alguien. ¿Os imagináis a quién? ¿La de las pecas?
A lo mejor si lo hubiéramos leído con más detenimiento se entiende perfectamente, pero nosotros/as nos hemos visto reflejados en el sentimiento de pérdida. Ese que nos atenaza las tripas a todos/as de la misma manera.
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