Archive for Junio, 2009

¿Y después?

Lucía acaba de cumplir los tres años y va a comenzar el cole de los mayores. ¡Qué ilusión! Irá con su mochila nueva, sus libros, sus cuadernos, sus ceras de colores… Pero lo que no sabe Lucía es que ha estado apunto de no ser escolarizada, que a lo mejor se tiene que ir del cole casi antes de estrenarlo y que quienes la han cuidado hasta ahora no son más que sus padres de acogida y que pronto volverá con la familia de la que procede, aunque no los conozca, aunque no hace mucho la abandonaron y aunque ella prefiera quedarse con papá Antonio y mamá Sofía, y con la teta Patri y el tete Toni. Pero ahora estamos de vacaciones y en septiembre irá al cole de los mayores.

Mañana por la tarde

Cinco y cuarto de la tarde. Laura se desmaquilla apresurada. Se encuentra demasiado pintada para una cita de cortar. Vuelve a maquillarse, pero menos recargada. Las prisas le llenan el bigote de pequeñas gotitas transparentes que ella cree que le afean. Se depila las cejas con las pinzas pero le deja un cerco rojo alrededor, por culpa de los tirones. Por fin se decide a salir. Llega tarde, pero no importa. Marcos la esperará paciente. Siempre lo hace, aunque el pobre no sabe que hoy será la última vez que Laura le haga esperar. Marcos le sonríe al verla. Es la chica más guapa del instituto y está con él, aunque aún no se explica porqué. Está seria, enigmática. La mano derecha de Marcos y la izquierda de Laura se rozan al entrar en el bar y un calambre les une en una sonrisa. La piel de Laura se eriza con un escalofrío y Marcos se excita sin querer. Los dos lo saben, se ríen, se besan y Laura ya adivina que hoy tampoco cortará con Marcos. A lo mejor, mañana por la tarde. O no.

Noche tras noche

Y Alicia se le apareció en sueños. O eso creía él. Noche tras noche su voz de terciopelo le susurraba en la nuca que le había querido. Le cantaba los poemas de amor que él había olvidado. Le traía el olor de las flores que ya no le compraba. Noche tras noche notaba el sabor de sus besos manchados de sangre y entonces se despertaba agonizando en su celda, dispuesto a cumplir la penitencia que los vivos le habían sentenciado, pero incapaz de soportar la de los muertos. La figura fantasmal de Alicia se aparecía sin avisar, con su camisón blanco teñido de rojo y esa sonrisa que le quedó al morir, la de quien sabe cómo vengar la propia muerte. Y es que, noche tras noche, Alicia vuelve a dormir junto a él, helándole la espalda con el frío del abismo, y cada mañana amanece en su celda bañado por la sangre de ella que él, una noche, hace ya mucho tiempo, derramó. Y así, noche tras noche…

Desde donde cuenta el gato

Cuando te cambias de casa, durante meses dejas de encontrar lo que buscas y aparece lo que no esperas. Eso me está ocurriendo a mí en estas últimas semanas y esta misma mañana, entre cajas, papeles perdidos, sobres amarillentos y cachivaches ha venido a mis manos un viejo poema que escribí no se sabe cuándo. Creo que tendría unos diecisiete años cuando conté que mi alma era un gato, mirando desde lo alto de una roca llena de sol. Y ese gato me ha contado hoy que creció, que continuó al sol y que desde entonces ha visto la vida desde lo más alto. He escuchado los maullidos de mi madurez a través de esa imagen llena de anhelos y he calmado los miedos del futuro con el ronroneo apagado de la esperanza. Entonces ese gato rayado y oscuro ha bajado de mi escritorio de cristal y se ha marchado meneando la cola. Sólo se ha vuelto una vez, para decirme que no me acomode en mi roca, por más soleada que esté.