Archive for Abril, 2010

Ayer escuché tu voz entre los vivos

Ayer escuché tu voz entre los vivos
Ayer escuché tu voz entre los vivos. Ayer oí tu grito entusiasta, de tenor murciano, contra la impunidad del franquismo. Tú no acabaste en la cuneta ni en una fosa común como tantos compañeros. Los falangistas se tomaron mucho tiempo para hacerte sufrir. Cárcel tras cárcel, redada tras redada, palizas, silla eléctrica, muchos años, todos los que te quedaron de vida, de miedo, aquel miedo que se te quedó para siempre en el cuerpo y el alma. ¿Te acuerdas de esa foto? Por la media sonrisa intuyo que aún trabajabas en la vocación que también te arrancaron, maestro de la Institución Libre de Enseñanza. Nos contaste que no sólo te quitaron la cátedra sino que te prohibieron la docencia. Hace más de treinta años que ya no estás, pero tus hijos y nietos nos llevamos grandes lecciones tuyas, que nunca han podido arrebatarnos: la igualdad, la tolerancia, el compañerismo, la justicia, la alegría y la esperanza que jamás perdiste, y también el amor a las cosas pequeñas. Te recuerdo enseñándonos una mariquita o una hormiga mientras nos decías: «¿veis ese insecto tan insignificante? Pues no lo matéis y queredlo como a vosotros mismos porque gracias a él también gira el mundo». Y por eso sé que ayer estabas gritando entre los vivos para que el mundo siga girando y para que recordemos tu voz siempre jovial y combatiente.

La última nota

En el recibidor de casa había un taquillón de madera de pino, colgado de la pared, con dos puertas de pizarra negra, una encima de la otra. En la de arriba se anotaban las cosas que había que comprar y en la de abajo los recados familiares. Casi siempre se leía arriba: “yogures, pan de molde, fruta” o “pasta de dientes, plantillas para la peste de Andrés…”; y debajo: “No me esperéis a cenar. Sandra” o “Recordad que tengo yoga. Mamá. PD. Hay caldo, podéis hacer fideos” o “Me llevo el coche de mamá. Volveré pronto. Andrés”. Dentro del taquillón se amontonaban tiques de la compra, llaveros, cartas sin abrir, propaganda de cualquier cosa… Un mueble que reflejaba como ningún otro el alma de la familia. Un día la pizarra de arriba se quedó limpia y en la puerta de abajo ponía: “Salgo a pasear. La yaya”. Hace tres años que nadie ha borrado el mensaje, esperando el regreso de la abuela. Su nota nos quedará siempre, como el único recuerdo que el alzheimer respetó, en aquel taquillón que permanece desde entonces congelado, reflejo evidente de nuestro vacío.

La chica de 16 años

Positivo. No hay duda. La chica de 16 años está sentada en el suelo del servicio de mujeres de la tercera planta de El Corte Inglés, donde hace dos semanas vino con su amiga Andrea para comprarse unos vaqueros. Hoy está sola, con un test de embarazo en la mano que marca el círculo del centro de un rosa oscuro inequívoco. Se imagina a su padre gritando: «Tú abortas como yo me llamo Antoni Brotons», y a su madre, sin decir nada, con la cara entre las manos y tomando una detrás de otra todas esas pastillas. Pero ahora tiene el culo helado por estar sentada en el suelo de los servicios de El Corte Inglés, donde hace apenas un par de semanas aún era una niña de 16 años.