Archive for Mayo, 2010

El chico del bañador rojo y blanco de rayas

El chaval del bañador rojo y blanco de rayas me gusta. Lleva un pegajoso bronceado y parece que cumple con sus amigos como con una obligación. Preferiría estar en casa, tumbado en el sofá ocre de sus padres, releyendo Madame Bovary y apasionándose con ella en busca de su amante. Pero nadie le entendería, ni siquiera su novia, la rubia que estira de él para entrar en el MacDonald’s y que arrastra sus ochenta kilos atléticos hacia una diversión teñida de hastío. También me gusta el chico por la forma en que la mira. Tiene el entusiasmo de quien se ha enamorado por primera vez sin reconocer todavía que su imaginación le ha puesto delante la imagen idílica de quien no es. Me gusta también el chico del bañador porque aún no sabe que ser diferente algún día le hará feliz.

Hola abejita

¿A que ya estás mejor? Sé que duele el aguijón al clavarse hondo pero recuerda que el dulce néctar que fabricas será siempre tu energía. Además, sabes que cuentas con tu amigo el caracol, el bicho bola, las tres mariquitas, la luciérnaga, la mariposa y los peloteros, siempre juntos, para ayudarte a trepar a lo más alto del panal. Tu amiga la luciérnaga te envía un beso con mucha luz, para que cuando todo esté oscuro te ilumine el camino.

Y al final del túnel se escapó su sombra

La niña quería salir de aquella vida enmarcada de dulces y suaves garabatos y se dejó llevar por ese ojo felino donde nadie podía encontrarla. Tenía miedo a perderse, y dos voces se contradecían exigiendo que se quedara y que siguiera a la vez. Pero no obedecía a ninguna de las dos, imaginando que era así mayor su ejercicio de libertad. Bella soledad. «¿Seré yo quien se ha perdido?». En color, el rojo intenso de su vagina y el negro de su libertad atascada entre las cejas doloridas. El lobo lloraba ante los siete enanitos y les contaba que las caperucitas de hoy ya no se dejan engañar. La niña mordió el chocolate justo al ver a su madre. Y al final del túnel se escapó su sombra.