Perdiendo la sombra

Publicado el 23 de abril de 2018

Perdiendo la sombra

Juanito sale de la fábrica a las seis. El jefe le ha dejado irse una hora más pronto porque hoy es el desfile de Moros y Cristianos y él sale en la comparsa de los Moros Viejos de capitán de su escuadra. Está feliz porque estrena sable y este año va a llevar un caballo abriéndole paso. Sabe que mañana tendrá que salir a las ocho, pero no le importa. Mañana desfila su novia y no podrá verla pero hoy desfila él y ella estará allí para enorgullecerse de él. Cuando baja por su calle se da cuenta de que está cortada por el desfile y no puede llegar hasta su garaje, un pequeño contratiempo que no va a estropear un día de gloria. Da la vuelta para buscar aparcamiento y se aleja bastante porque no hay sitio. Le hubiera valido la pena dejar el coche en la fábrica y haber bajado andando pero ahora ya está hecho y debe aparcar. En un semáforo contesta a los whatsapps de los amigos de comparsa. «Estoy negro, tíos. No puedo aparcar y ya tendría que estar vistiéndome». En el siguiente semáforo lee las respuestas: «Yo no encuentro el chaleco». «Aparca en mi calle, tío». Juanito contesta: «Eso está a tomar por culo». Sigue buscando sitio pero acaba bajando a la calle de su amigo, a tomar por culo. Y Juanito cada vez está más mosqueado. Para esto no salgo una hora antes. Hubiera podido ir andando y ver mañana a María. Llega a casa sudando, su madre preocupada por la hora: «Juanito, ¿quién te maquilla?». «Pues tú, mamá, joder, como siempre». Su madre le ayuda en todo y él sigue con el whatsapp: «¿Cómo vais tíos?». «Estamos en la plaza. Solo faltas tú». Pone miles de emoticones de caras cadavéricas, expresando los nervios que tiene y el cabreo con la situación. «Ya casi estoy. No salgáis sin mí». «Ya nos toca», lee en el móvil. «Cabrones», contesta, perdiendo su sombra en el whatsapp.

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