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	<title>Marta Salvador</title>
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	<description>Relatos, reflexiones y otros ejercicios literarios</description>
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		<title>Otra boca que alimentar</title>
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		<pubDate>Wed, 16 May 2012 08:41:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marta Salvador</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Candela luce su piel de color níspero por toda la acera. Arrastra a sus cuatro hermanos pequeños con sólo una mirada de sus ojos vivos. Aunque hace frío no lleva más que un calcetín, en el pie izquierdo, y de (&#8230;)</p><p><a href="http://www.martasalvador.es/2012/05/otra-boca-que-alimentar/">Leer el resto de la entrada &#187;</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Candela luce su piel de color níspero por toda la acera. Arrastra a sus cuatro hermanos pequeños con sólo una mirada de sus ojos vivos. Aunque hace frío no lleva más que un calcetín, en el pie izquierdo, y de color rosa. El otro que tenía esta mañana era blanco y no le gusta el blanco porque dice que la hace verse más gitana y aunque a ella le gusta ser gitana no soporta que se lo digan a la cara como si fuera un insulto. A Candela, con su calcetín rosa y su olor a frambuesa, lo que más le gustan son los números. Sabe hasta la tabla del 11 y acaba de cumplir ocho años. Pero Candela no va al colegio porque toda su familia se ha ido a no sabe qué pueblo a recoger cerezas, eso sí lo sabe. Y no volverán hasta septiembre, eso también lo sabe, y ella tiene que cuidar de sus cuatro hermanos pequeños y de la abuela, que aunque dicen que se la han dejado para que le ayude a ella, Candela sabe que al final, es otra boca más que alimentar.</p>
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		<title>Reír o llorar</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Apr 2012 16:53:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marta Salvador</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Me río en tu cara. La almohada se deshace entre esas carcajadas de desprecio; falsas risas de estupidez; gesto sincero de desespero. No sé dónde esconder mi ingenuidad y acaricio el cepillo del gato en un intento de dominar mi (&#8230;)</p><p><a href="http://www.martasalvador.es/2012/04/reir-o-llorar/">Leer el resto de la entrada &#187;</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me río en tu cara. La almohada se deshace entre esas carcajadas de desprecio; falsas risas de estupidez; gesto sincero de desespero. No sé dónde esconder mi ingenuidad y acaricio el cepillo del gato en un intento de dominar mi propio sarcasmo. Menos mal que pronto llegará Semana Santa y te volverás con tu familia. Pero deja ya de atosigarme con esas mentiras que ni tú mismo te crees, y comienza a embalar tus libros, tus discos, tus Levi’s 501 etiqueta roja que tan bien te quedaban y que ahora que te estás poniendo gordo enseñan tu canalillo cada vez que te agachas. No olvides tu diccionario de metas imposibles en el que un día me hiciste creer y vuelve ya al calor de la legitimidad. Pero recuerda que el matrimonio se escribe con letra pequeña y tarde o temprano volverá tu indecisión. Y yo tampoco sé si llorar o volver a reírme en tu cara.</p>
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		<title>Saludo y despedida</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Apr 2012 11:22:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marta Salvador</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Emilio llevaba tiempo en el bosque. Se echó a la montaña cuando detuvieron a su padre, el trampas, antes de que acabara la guerra; aún no sabe nada de él. Su madre trató de impedírselo, pero al hijo del herrero (&#8230;)</p><p><a href="http://www.martasalvador.es/2012/04/saludo-y-despedida/">Leer el resto de la entrada &#187;</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Emilio llevaba tiempo en el bosque.  Se echó a la montaña cuando detuvieron a su padre, el trampas, antes de que acabara la guerra; aún no sabe nada de él. Su madre trató de impedírselo, pero al hijo del herrero no había quien lo detuviera, ni siquiera su madre, por más que lo intentó. Antonio tampoco dudó en afiliarse cuando su padre se lo ordenó. Nadie podía negarse a la voluntad del alcalde, y menos cuando el alcalde era el padre de uno. Antonio y Emilio se habían criado juntos, corriendo por las eras y robando los huevos del cura don Pascual: «cabrón a quien pille don Pascual», y casi siempre era a Antonio, paticorto y culigordo. Hacía ya tres años que no se veían, desde que Emilio se fue a la montaña y Antonio cogió el fusil. Y se han encontrado de nuevo sus miradas, justo en el momento en que se han reconocido, cuando Antonio dispara a los cuatro putos rojos que los compañeros han encontrado en el bosque. Y apoyados los cuatro en aquel paredón Emilio grita, como único saludo y también despedida: «Antonio, cabrón, dile a tu padre y a don Pascual que ¡Viva la República!».</p>
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		<title>Un día cualquiera, alguna mujer</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Mar 2012 13:23:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marta Salvador</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las 6:45, el despertador, los desayunos, preparar los almuerzos de toda la familia, las mochilas de los peques, programar la lavadora, despedirlos a todos con un beso y preocuparse más de la cuenta: el pequeño tiene mucha tos, el mayor (&#8230;)</p><p><a href="http://www.martasalvador.es/2012/03/cualquier-mujer-un-dia-cualquiera/">Leer el resto de la entrada &#187;</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las 6:45, el despertador, los desayunos, preparar los almuerzos de toda la familia, las mochilas de los peques, programar la lavadora, despedirlos a todos con un beso y preocuparse más de la cuenta: el pequeño tiene mucha tos, el mayor un examen, él una reunión importante. Tú, llegas tarde. Las 9:00 el pequeño entra al cole con esa tos que no cesa. El jefe malhumorado, como siempre, no saluda. Sí tu compañera, que te hace una mueca y sabes que algo te quiere contar. En mitad de la historia de cuernos (se está acostando con el comercial del segundo) te suena el móvil. El pequeño está con fiebre. Mamá, recógelo tú que yo no puedo. Pides cita en el médico para la tarde; tratas difícilmente de concentrarte el resto de la jornada. 3:30 acabas por hoy, fuera de casa. 4:00 reunión con el tutor del mayor. Lleva fatal el trimestre. 5:30 al médico: anginas, antibiótico y tres días en casa, por lo menos. Menos mal que tienes a tu madre. 6:00 al fútbol, hoy sólo con uno. 8:00 a por el peque. 8:30 acabó la lavadora. 9:00 sube la fiebre a casi 40. Por suerte llega él, hace la cena. 10:00 el examen del mayor es más difícil de lo que esperabas. 11:00 estás más muerta de lo normal: la regla. 12:00 toca el antibiótico. 4:00 sube la fiebre. 6:45, el despertador. </p>
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		<title>Hija, «no llegamos a fin de mes»</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Feb 2012 22:09:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marta Salvador</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Sonia tiene catorce años, y es hija única. Algunas de sus amigas le dicen que es una mimada, aunque ella sabe que todas le tienen envidia porque no tiene que compartir sus cosas con nadie. Bueno, hasta hoy. Esta noche (&#8230;)</p><p><a href="http://www.martasalvador.es/2012/02/hija-%c2%abno-llegamos-a-fin-de-mes%c2%bb/">Leer el resto de la entrada &#187;</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sonia tiene catorce años, y es hija única. Algunas de sus amigas le dicen que es una mimada, aunque ella sabe que todas le tienen envidia porque no tiene que compartir sus cosas con nadie. Bueno, hasta hoy. Esta noche duerme en el comedor, en el sofá-cama que sus padres han preparado para ella. Y es que «no llegamos a fin de mes», le han dicho sus padres, «y tenemos que realquilar tu habitación». Sonia todavía no les ha contado a sus amigas que ya no se podrán quedar en su casa a dormir y que desde ahora ya no hay motivo para tenerle envidia. «Es como tener invitados», ha dicho su padre; aunque Sonia sabe que no son como invitados, porque los invitados sabes cuándo se van a ir, y éstos, los inquilinos, aunque te quiten la habitación, estás deseando que nunca se vayan porque si no «no llegamos a fin de mes».</p>
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		<title>Las mierdas de toda Valencia</title>
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		<pubDate>Sun, 22 Jan 2012 10:58:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marta Salvador</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Sento levanta su bastón cada tres golpes en el suelo, por si hay una farola. Un, dos, tres, levanta; un, dos, tres, levanta. No quiere llevar sus gafas negras; a él no le hacen falta. Pero su madre insiste todos (&#8230;)</p><p><a href="http://www.martasalvador.es/2012/01/las-mierdas-de-toda-valencia/">Leer el resto de la entrada &#187;</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sento levanta su bastón cada tres golpes en el suelo, por si hay una farola. Un, dos, tres, levanta; un, dos, tres, levanta. No quiere llevar sus gafas negras; a él no le hacen falta. Pero su madre insiste todos los días, e incluso sale al ascensor a llevárselas, si alguna mañana se le olvidan conscientemente. Imagina que debe de tener los ojos muy feos, o blancos, o rayados o turbios, o a saber qué. Sento tiene 16 años y envidia profundamente a sus dos hermanos, y no sólo porque ellos pueden ver sino porque no tienen que escuchar a su madre cada día al salir:<br />
- Sento, las gafas…<br />
Y al entrar:<br />
- Sento, las zapatillas…<br />
Y Sento, también todos los días:<br />
- Pero ¿por qué yo? Mis hermanos no tienen que quitarse las zapatillas cada vez que entran en casa…<br />
Y su madre, todos los días:<br />
- ¡Porque tus hermanos no me chafan las mierdas de perro de toda Valencia!</p>
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		<title>Tod@s somos Nicole</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Dec 2011 13:07:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marta Salvador</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Juan de Dios Barreira Pons, ese jefe de dirección potentado en el séptimo piso, emerge del ascensor con arrolladora prepotencia, mientras Nicole, esa máster en dirección de empresas, a la que nunca ha dejado de llamar secretaria, se apresura a (&#8230;)</p><p><a href="http://www.martasalvador.es/2011/12/tods-somos-nicole/">Leer el resto de la entrada &#187;</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Juan de Dios Barreira Pons, ese jefe de dirección potentado en el séptimo piso, emerge del ascensor con arrolladora prepotencia, mientras Nicole, esa máster en dirección de empresas, a la que nunca ha dejado de llamar secretaria, se apresura a someterse ante él, con esos diez centímetros de tacón que la rebajan a un rincón de la autoestima infestado de machismo.<br />
Juan de Dios Barreira Pons, con los bolsillos llenos y la conciencia inmaculada, no tiene más que alzar la ceja derecha para que Nicole se precipite sin remedio a colmar sus deseos: esta vez es sólo un café. </p>
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		<title>Casilda</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Nov 2011 22:33:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marta Salvador</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El comisario Pérez afronta la cuesta con un esfuerzo helado que se le pega en el cuello. Mentalmente va repasando las pistas que ha ido recopilando, sin darse cuenta del reguerillo de moco, húmedo y caliente, que le surca ya (&#8230;)</p><p><a href="http://www.martasalvador.es/2011/11/171/">Leer el resto de la entrada &#187;</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El comisario Pérez afronta la cuesta con un esfuerzo helado que se le pega en el cuello. Mentalmente va repasando las pistas que ha ido recopilando, sin darse cuenta del reguerillo de moco, húmedo y caliente, que le surca ya la comisura del bigote. La joven víctima se llamaba Casilda, según ponía en el pasaporte desgastado y maloliente que le encontraron. La chica parecía tener unos 26 años y desde hoy Pérez sabe que jamás podrá borrar de su recuerdo el rostro de la bella durmiente; la palidez de la muerte luchando contra un rojo fantasmal en los labios y esa tersura de algodón que no pudo evitar acariciar, aun a riesgo de contaminar las pruebas. ¿Cuántas veces censuró a su compañeros gestos más inocentes que el suyo? Pérez trata de desterrar estos pensamientos con una sonrisa altiva al viento húmedo de tramontana que le devuelve a su infancia, con olor a romero y ajedrea. Necesita recordar quién es y, como un tic incorregible, rebusca entre los bolsillos. ¡A ver si lo encuentra! Sí, ahí está… la manzanilla seca que cogió el fin de semana del patio de su madre y que todavía lleva en el bolsillo trasero del pantalón, porque hace cinco días ya que no se ha cambiado de ropa. Casilda, Casilda, Casilda: le traicionan sus propios oídos. Cansado de divagar sin rumbo fijo, Pérez regresa a casa. Por fin se da una ducha, con el agua ardiendo, que le deja la piel manchada de ronchas rojas, como un flagelo necesario contra los pensamientos impuros. Distraído al pelar una manzana se rasga la piel del pulgar izquierdo y una horizontal roja, caliente y afilada le lanza el rostro níveo de Casilda, arrancado de su cuerpo por algún maldito macabro que Pérez se muere por descubrir. Entre sudores fríos y alucinaciones el comisario consigue conciliar el sueño, cerca de las cinco de la madrugada. Y como no podía ser de otra manera, Casilda, como cada una de las cinco noches que han pasado desde el día que descubrió su cadáver, se le vuelve a aparecer. Esta vez, es una grotesca sirena que le solloza al oído: por favor, por favor, véngame. Y Pérez se despierta de nuevo con el olor a muerta pegado a su cama. </p>
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		<title>Aprendiendo a decir «basta»</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Nov 2011 18:30:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marta Salvador</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Porque la niña de la falda de colegiala no sabe que la estoy mirando. Porque me recuerda a mí misma. Porque un día no supo dónde caminar y sin embargo continuó haciéndolo, sin darse cuenta, sin decidir dónde poner el (&#8230;)</p><p><a href="http://www.martasalvador.es/2011/11/aprendiendo-a-decir-basta/">Leer el resto de la entrada &#187;</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Porque la niña de la falda de colegiala no sabe que la estoy mirando. Porque me recuerda a mí misma. Porque un día no supo dónde caminar y sin embargo continuó haciéndolo, sin darse cuenta, sin decidir dónde poner el siguiente pie. Y caminó y caminó y caminó hasta que los pies se le agrietaron y comenzaron a caerle las uñas, negras de tanto caminar. Y nunca supo qué hacer con esos pies que jamás le obedecieron porque ella siempre quiso frenar de golpe. Siempre quiso decir basta y nunca se atrevió. Y fueron sus pies, agrietados y sin uñas los que un día dijeron que ya no caminaría más en contra de su voluntad. Y entonces paró. Y aquí me encuentro, en ese momento en el que detrás se oye el fracaso,  delante te persigue el futuro y aquí, ahora, es mejor dejar de respirar. Porque la niña con la falda de colegiala no sabe que ella, como yo, tampoco dejará de caminar, hasta el día que aprenda a decir basta.  </p>
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		<title>El príncipe rosa o la princesa azul</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Sep 2011 21:56:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marta Salvador</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Érase una vez un príncipe rosa que se engulló de un trago todas las perdices. La princesa fue a socorrerlo pero se lo impidió una tierna abuelita que perseguía incansable al lobo por todo el bosque, ayudada por los siete (&#8230;)</p><p><a href="http://www.martasalvador.es/2011/09/el-principe-rosa-o-la-princesa-azul/">Leer el resto de la entrada &#187;</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Érase una vez un príncipe rosa que se engulló de un trago todas las perdices. La princesa fue a socorrerlo pero se lo impidió una tierna abuelita que perseguía incansable al lobo por todo el bosque, ayudada por los siete enanitos armados con siete espejos mágicos. La princesa jamás encontró al príncipe atragantado, y mira que lo intentó. Y es que las tres haditas se durmieron para siempre con el huso de la rueca de la bella durmiente y no hubo quien les diera su primer beso de amor. Con los años, la princesa aprendió a valerse por sí misma y aunque se enamoró perdidamente del ogro feroz nunca se lo dijo, pues no estaba dispuesta a renunciar a su recién estrenada libertad por unos simples zapatitos de cristal. </p>
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